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El Miedo

Publicado el 13 abril, 2018

El miedo muchas veces es gigante, tanto que inmoviliza.
Ni un paso adelante, ni un paso atrás. A veces sólo pasos hacia atrás.
Y duele, duele el cuerpo.
Es un miedo abrazador, envolvente.
Miedo a vivir, a morir, miedo a envejecer sin llegar a ser quien soy, sin alcanzar la mejor versión de mí.
Miedo a no ser yo, a fracasar, miedo a dejar, miedo a amar y a que me amen.
Miedo a querer y que me duela.
Miedo a sufrir, a cambiar, a verme, a escucharme.
Miedo a parar y también a avanzar.
Miedo a que me abandonen, a no ser lo suficientemente buenx.
Miedo a quedarme solx y no tener a nadie.
Miedo a enfermarme y a curarme a la vez.
Miedo a no poder y… así podría seguir y seguir escribiendo y sintiendo toooodo eso que sigue siendo parte de quien soy y que me trae hasta acá hoy y cuenta mi historia.
Porque cuando todo esto aparece, me paraliza…
Es el cuerpo, es el cuerpo el que dice basta, hasta acá!
Ahora lo escucho y decido atenderlo, ponerle conciencia y hacerle lugar a tooooodo ese miedo.

Y en ese instante eterno, etéreo, impenetrable, único, irrepetible e intransferible de focalización y atención corporal, descubro que mi cuerpo sabe mucho de mí.

Así que pienso y siento: quiero crecer, cambiar, expandirme, ir más allá …
Mi cuerpo sabe que no hay que vencerlo.
Entonces qué?… Y llega la pausa… y casi inmediatamente… “recibirlo”… “hacerle un lugar”.
Mirarlo, tocarlo con la punta de mis dedos. Hablarle, y gritarle también. Pedirle que me escuche y que me hable, que me diga que hace que esté hoy, ahí, de ese modo, presente…
Y así, casi sin darme cuenta ya cambió! Se transformó y no es un miedo paralizante ni amenazador.
Se hace sentido y aparece mi lado vulnerable, mis debilidades, la desconfianza en lo incierto, en el otro, en los otros y en mí, que es ese otro que está tan cerca que es difícil de mirar.
Todo lo que no puedo controlar, todo lo que duele, todo lo que sufre…
Todo es parte de mí, de los otros y lo otro, de esa interacción entre todos y mi miedo. Pero ahora ya nos conocemos y lo invito a pasar y a que me cuide, que me hable y me explique…
El próximo paso?… está implícito y llegará en su momento… ahora lo sé… ahora lo siento y algo se mueve, se abre, y llega la paz y esa tranquilidad de saber que algo sabe y que puedo confiar y reconocerlo.