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¿Me convertí en micromanager de mi hijo adolescente?

Publicado el 17 agosto, 2019

Empecemos por el principio. ¿Qué es micromanagement?

En los negocios se lo llama así al tipo de management donde el manager es un observador cercano y controla muy de cerca y de forma excesiva el trabajo de sus empleados o subordinados. 

El micromanagement da excesiva atención a los detalles menores y controla y monitorea de forma obsesiva a la persona que tiene a cargo. Este tipo de acercamiento al trabajo da resultados negativos porque impide a quien está siendo sujeto a un micromanagement a tomar decisiones autónomamente y pierde tiempo valioso en comunicar a su jefe cada acción que realiza. 

Volviendo a la pregunta inicial, hoy a la mañana me pareció que efectivamente me estaba convirtiendo en una mamá “micromanager”. Queriendo controlar cada cosa que mi hijo estaba haciendo. Pidiendo YO la tarea en el grupo de whatsapp de mamis y papis del colegio. Definitivamente este tipo de comportamiento no promueve la autonomía. Además le impide a mi hijo hacerse responsable de sus propias acciones. ¿Tenés tarea? ¿La hiciste? ¿Me mostrás el calendario de tareas? ¿Tenés que estudiar? ¿Cuándo es la prueba? ¿De qué materia? ¿Te lavaste los dientes? ¿Te los lavaste bien? ¿Te bañaste? ¿Qué shampoo usaste? ¿Te pusiste la campera? ¿Llevas plata para salir? ¿Cuánto? Si vas a salir, llevate el celular. ¿Con quién salís? ¿A dónde van? ¿Qué van a hacer? Cuando llegues, mandame un mensaje. Cuando estés por salir también. Avisame si volvés en colectivo y cuando llegues mandame un mensaje o te voy a buscar. ¿Que escribiste en el grupo de whatsapp? ¿Te contestaron? ¿Y vos qué respondiste? Respondeles así que es mejor. Usa este pantalón que vas a estar más abrigado. ¿Llevaste la merienda? ¿Qué merienda llevas? ¿Cuánto tiempo usaste la play hoy? ¿Y el celular? ¿La tablet? Quiero ver que juegos estás jugando y cuánto tiempo. 

Y así podría enumerar millones de otras mini preguntas, todo el día, y a cada rato.

¿Es esto lo que quiero para mis hijos?… No. Quiero que mis hijos tomen decisiones autónomamente, que no necesiten controles externos para auto regular sus actividades o el tiempo que le dedican a cada una de ellas. Quiero que mis hijas se conviertan en personas capaces de adaptarse a los cambios, flexibles y dinámicas. Pro activas, que tengan un objetivo y quieran cumplirlo, sin cruzar el frustrante límite de la auto-exigencia desmedida. Quiero que encuentren un sano equilibrio entre sus capacidades y las posibilidades que tienen. Que busquen soluciones creativas ante los problemas. Que reconozcan sus emociones, sus sentimientos, sus debilidades y sus fortalezas. Con habilidad para convertir una amenaza en una oportunidad. 

Yo quiero creer que puedo acompañar un proceso de desarrollo de personas con  autonomía, con capacidad de realizarse y con conciencia social. 

Por eso, es importante dejar de ser micro manager en la vida en nuestras hijos para convertirnos en acompañantes en el proceso de crecimiento. Dejar de lado nuestras propias expectativas de lo que ellos “deberían” ser, nuestros miedos, nuestras propias frustraciones, nuestras propias inseguridades y dejar que aprehendan viviendo sus propias experiencias. Quiero que sepan que estoy ahí para cuando me necesiten de forma incondicional. ¿Sabes que es incondicional? Es amor, ese amor que sentimos por los hijos y que no tiene una explicación. Y que es inmenso. Siempre cerca. Siempre acompañándolos. Pase lo que pase. 

Teniendo una puerta abierta al diálogo, buscando momentos para generar ese intercambio de ideas, buscando salir de la rutina, un paseo, una invitación a algún lugar o situación que en general no haríamos con un hijo.. A veces me doy cuenta que el diálogo se convierte en un monólogo desgastante, porque tengo la sensación que repito siempre lo mismo. Y no estoy segura de que lo que hago esté funcionando. Y convivo con la duda… lo incierto me da más miedo aún. Los hijos no vienen con “manual de instrucciones”. Ni los padres.

Entonces me pregunto si me animo a que se equivoquen, a que se caigan, se lastimen, a que se vayan, a que piensen distinto que yo. 

Creo que lo mejor que puedo hacer es empezar a trabajar conmigo buscando estas respuestas para saber si estoy lista para ser una madre que promueva un lugar seguro para que nos equivoquemos todos, padres, madres, hijos e hijas. Y poder así aprehender todas, permanentemente. Donde pueda decirles: Yo no tengo las respuestas, te invito que las busquemos JUNTOS. 

Carolina Ades y Mauricio Gutierrez Nebuloni